Estalla el último volador de luces

La megalomanía porteña llega a su fin con la decisión de ayer del PRDUV de postergar el proyecto de recuperación del Mercado Puerto. La ciudad ha debido soportar espartanamente y por muchos años promesas jamás cumplidas: proyecto Niemeyer, Mall, Palacio Baburizza, acuarios, etc., etc. que sonaban como campanadas que nos hacían despertar del letargo. La última campanada la dio el alcalde Castro cuando anunció hace algunos días el proyecto de Puerto Viejo. Estos proyectos tienen en común haberse construidos en el aire: sin financiamiento, sin gestores, sin factibilidad jurídica, sin enraizamiento social. Pero con alto nivel de conflictividad social lo que dejó a la ciudad de Valparaíso dividida entre los que querían el progreso y los que añoraban melancólicamente el pasado; entre los foráneos y los locales.

Las luces que se lanzaban una y otra vez desde palacio tuvieron un efecto perverso. Pues mientras discutíamos banalidades, los verdaderos y urgentes debates quedaron siempre pendientes. Mencionemos por ahora dos. Primero, la gestión del Municipio que como está no es ni será socio para nadie que seriamente quiera invertir en la ciudad. Segundo, carecemos de un modelo de desarrollo que organice el conjunto de iniciativas políticas. Sobre este último aspecto, parece que los proyectos auspiciados por las autoridades eran los que trajeran plata fresca, independiente si eran coherentes entre sí y pertinentes jurídica, social y económicamente.        

Lamentamos la decisión del PRDUV porque golpea de nuevo a los olvidados de siempre. Lamentamos el despilfarro de millones de pesos en estudios inconducentes. Lamentamos la dirección autoritaria del proyecto Mercado Puerto.  

Comentarios

Excelente comentario. Muy acertado, refleja el verdadero calvario que ha vivido Valparaíso con cada uno de los "mega" proyectos inventados por las autoridades de turno y que dejan de lado los problemnas reales de la ciudad. El Mercado Puerto merece mejor suerte y no puede decaer el interés en que se arregle. Le ha sucedido lo mismo que al Palacio Baburizza: mucho bla, bla y, después, la nada misma. Creo que el comentario de Pablo merece la máxima difusión. Felicitaciones,

Goonzalo Ibáñez

Añadir nuevo comentario