Carta a alcalde Castro: “Valparaíso y la Unesco”

Señor Director:

En octubre llegará a Chile una delegación de evaluadores de la Unesco, que tiene por misión ponerse al día sobre la situación de la ciudad inscrita en el registro de Patrimonio Mundial. “Valparaíso es un testimonio excepcional de la fase temprana de globalización de avanzado el siglo XIX, cuando se convirtió en el puerto comercial líder de las rutas navieras de las costas del Pacífico en Sudamérica”. Así reza parte de la declaración por la cual Valparaíso fue incluida en la lista de Patrimonio Mundial. La nominación se refiere así a toda la ciudad, dentro la cual se encuentran los sitios protegidos. Y es toda la ciudad la que sus habitantes y visitantes tienen derecho a contemplar, esperando que ella haya sido debidamente resguardada.

En la misma declaración del 2003, la Unesco pidió hacer esfuerzos para inventariar y proteger integralmente la infraestructura relacionada con las funciones históricas de la bahía, incluido un plan de conservación del área marítimo-portuaria.

Aparte del abandono en que se mantiene la mayor parte de la ciudad, la misión se concentrará en la guinda de la torta del alcalde Jorge Castro: él ha arreglado, con una empresa dueña de otros negocios del retail, la construcción de supermercados y un mall en la zona Barón del puerto. Así, ¿podrán los habitantes de Valparaíso gozar de su bahía? ¿Es apropiado instalar centros comerciales en el mismo puerto, hipotecando su ensanchamiento, necesario para la economía del país y de la región?

¿Se ha enterado Jorge Castro de que no es solo el alcalde de una ciudad, sino de un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad? ¿Tiene conciencia del significado de su misión como responsable de su ciudad-patrimonio? ¿Son los supermercados la manera de cuidar las funciones históricas de la bahía? ¿Está protegiendo la infraestructura portuaria si acepta que se destruyan 120 metros lineales de los mismos Almacenes Simón Bolívar? ¿Sabe que el patrimonio cultural, herencia de tradiciones y valores, debe ser la base para construir el futuro de Valparaíso? ¿Está consciente de que está dejando un legado de desidia y atropello de derechos humanos y patrimoniales?

¿Logra separar la misión propia de un servidor público, elegido por sus conciudadanos para promover el bien común, de la tarea de un administrador de negocios privados? Hay otros responsables de esta situación. Pero la responsabilidad de hoy le compete al alcalde. Los empresarios, en este caso, están en lo suyo, en los negocios.

Valparaíso tiene felizmente vigorosas organizaciones ciudadanas -una suerte de David, carentes de respaldo municipal- enfrentadas hoy al Goliat de la poderosa red de intereses comerciales. Roguemos y trabajemos para que se repita la hazaña de la Biblia.

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