El mago y su familia

magoEl día tan largamente esperado por niños y niñas del cerro llegó el día de Epifanía cuando el mago del cerro Juan Varela sorprendió a los asistentes con magia de nivel internacional, escoltado por el joven mago Kelvin, quien hizo pruebas de sus excelentes condiciones como hacer salir de su boca un pliego de papel que no terminaba. Pululaban por los alrededores todavía dos o tres magos que hacían a los transeuntes nuevamente creer en el hechizo porteño. El espectáculo fue precedido por una maravillosa presentación de la casa en power point que, poniendo las cosas en su lugar, recordaba lo que era central en este día: la visita al pequeño Jesús de los sabios magos venidos de Oriente. Esta vez, en Valparaíso, nos habíamos de sorprender con otros magos y con un espectáculo de duración de una hora, al que asistieron cerca de sesenta personas que completaron totalmente el pequeño teatro ubicado en el Paseo Atkinson 88. A fin de calmar la ansiedad reinante se distribuyeron entre los pequeños deliciosas galletitas navideñas y delicados küchenes preparados por la señora de la pancarta, quien, sospechamos,
a partir este día será más popular por su mano que por su pancarta.

No podemos dar detalles de todos los actos que se prepararon para la ocasión. Nos maravillamos al ver cómo entre los dedos del mago aparecían más y más pelotitas, o cómo argollas se insertaban unas con otras, o los guantes disminuían en tamaño, todo al ritmo de las palabras mágicas que gritan al unísono los pequeños espectadores. Pero lo que fue sencillamente sensacional fue lo que ocurrió cuando una bola, situada en el centro del escenario, imaginamos que un poco mareada después del porrazo que se dio al inicio del espectáculo, empezó a moverse como lo haría una mascota a las órdenes de su amo. Ea! gritaban los niños cuando bolita se avalanzaba ante ellos. Una delicia. Mascota ideal para los amos que no les gusta limpiar la caca de sus animalitos cuando pasean por el cerro. Ahora podrían pasearse higiénicamente con su bolita.

Pero las cosas llegaron al clímaz cuando el mago llama a su familia a subir al escenario. Mientras los dos hijos suben inmediatemente, como si tuvieran resortes en los zapatos, la señora del mago parece no escuchar la invitación. "Evito hacer papelones en mi vida", confesó la discreta señora a una de los asistentes para explicar su reticencia por todo tipo de figuración pública. Pues bien, el último acto debía comenzar. La señora acomoda una especie de camilla sobre el cual descasa el cuerpo del hijo mayor de la pareja. El menor pasa a papá una argolla gigante que rodeando el cuerpo de su hermano nos haría confirmar ante los ojos de todos los asistentes que el niño estaba en el aire...

Comentarios

Por funcionarios de la Municipalidad de Valparaíso supimos que la invitación a esta actividad ilusionista emprendida por el cerro en favor de los niños y niñas fue agregada a la carpeta de la solicitud de comodato del terreno al pie del Paseo Atkinson, el cual, de acuerdo al decreto expropiatorio,debe ser destinado a juegos infantiles.

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