El presidente Lagos y Valparaíso

Un desafortunado hecho para Valparaíso coincidió con el triunfo de Ricardo Lagos en diciembre de 2001. Junto con él accedía a La Moneda una idea de desarrollo de la Ciudad-Puerto y una metodología para implementarla que, seguramente, se recordará en la historia como lamentables ERRORES…con letras mayúsculas.

A dos semanas de instalado en el gobierno, el Presidente promulga el Decreto Supremo Nº205, de 28 de marzo de 2002, por el que crea la Comisión Asesora Presidencial para el Desarrollo de la Ciudad  de Valparaíso. Para justificar su creación, el decreto alude a la “conveniencia de dinamizar, desarrollar, mejorar y embellecer la ciudad de Valparaíso, promoviendo y haciendo atractiva la radicación en su territorio tanto de nuevos habitantes como de inversiones, instalaciones de nuevas industrias productivas y de servicios”.

La Comisión Plan Valparaíso, que formalmente terminaría su existencia los últimos días del Presidente Lagos, introduce dos ideas de gestión completamente equivocadas que pesan en la vida porteña hasta hoy:

1.- Que la coordinación de proyectos públicos y los cambios de una ciudad como Valparaíso pueden lograrse bajo la mano firme de la capital de Chile. Considere Ud. que la Comisión la integraban cuatro Ministros de Estado (Interior, Hacienda, OO.PP. y BB.NN.), dos subsecretarios (Subdere y Segpres), más el Intendente y el Gobernados. El Alcalde de la ciudad sólo participaría… como invitado permanente.

2. Que para propiciar una gestión pública eficiente se hacía necesario introducir equipos profesionales paralelos a los existentes. La Subdere podía contratar dentro de sus posibilidades presupuestarias y conforme a las normas legales y administrativas vigentes, los profesionales y demás personal que sea necesario para el funcionamiento de la Comisión.
      
¿Es necesario decir por qué estas ideas son equivocadas? La mano centralizada y firme no se avenía con la estructura política-administrativa heredada de los gobiernos concertacionistas de Aylwin y Frei que había fortalecido los gobiernos locales y regionales. Como era de esperarse los resultados no podían ser buenos: paralelismo, duplicidad de funciones, incentivo a la competencia interna.

Pablo Andueza  

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